Nada que celebrar, todo por ganar

Panfleto repartido por las compañeras de CNT en la manifestación del 8 de marzo

El 8 de marzo, día internacional de las mujeres trabajadoras, se conmemoran las innumerables luchas y reivindicaciones protagonizadas por mujeres con respecto a la situación laboral que sufrían, en contra de la guerra, etc, en el contexto del siglo XIX y principios del XX y por las que muchas de ellas murieron.

Y nosotras nos preguntamos: ¿qué hay que celebrar? ¿esas medidas reformistas que apenas alcanzan a enmascarar los maltratos que seguimos sufriendo?, ¿o el ascenso de aquellas mujeres que encontraron en el feminismo un camino para ejercer su ambición de poder y autoritarismo?

Hoy en día se celebra una jornada que se va tornando comercial, donde nos regalan flores y se promueven actividades lúdico-culturales por parte de los ayuntamientos para guardar las apariencias. No es suficiente un único día de lucha por los derechos y libertades de las mujeres, debería estar siempre presente, en cada asamblea, en cada hogar, en cada centro de trabajo, en cada bar y al salir de éste.

Sabemos que la culpa de la situación desigual de las mujeres con respecto a los hombres parte del propio sistema capitalista y patriarcal en el que vivimos, pero también es cierto que sin la auto observación de cada unx consigo mismx, de nuestras actitudes en el día a día, poco podemos cambiar.

Hoy, mientras desde el discurso oficial se pregona la igualdad de derecho desde la dicotomía de la mujer, la liberación femenina es dada por hecho y se olvidan de lesbianas, transgéneros, intersexuales, y todo el abanico de identidades de género. Así, nosotras seguimos sufriendo acoso callejero, violencias múltiples sobre nuestros cuerpos y vidas, sobre nuestro trabajo y en nuestro empleo, relaciones interpersonales y sexuales, lo que lleva a la imposición de estereotipos estéticos, convirtiéndonos en un producto de consumo. Con ello se produce la cosificación de las mujeres dando pie a la violencia machista que nos está matando.

La educación juega un papel fundamental: cuentos infantiles, películas, publicidad nos acompañan en el periodo educativo, inculcando roles sociales de género y creando referentes idealizados que construyen nuestra identidad. No sólo podemos tomar medidas contra la violencia machista mediante reformas legales, sino generando cambios sociales profundos y atacando mediante la educación, la raíz de esta ideología que se nos inculca desde que nacemos.

Así pues, como mujeres trabajadoras, estamos doblemente explotadas, por nuestra condición de mujeres, y por nuestra condición de trabajadoras, entendiendo que las actividades de cuidados y reproducción que se nos exigen también son trabajo. Es por esto que se hace necesario el feminismo, pero debe ser un feminismo de clase, sino, se convierte en un movimiento que defiende que una minoría de mujeres pueda tener los mismos privilegios que una minoría de hombres, usar como mera mercancía al resto de personas.

Y aunque el feminismo sea una lucha común de las mujeres, existen diferencias en las discriminaciones que sufrimos según la clase, el origen, la etnia…

Con esto no queremos decir que haya que rechazar las luchas más “prácticas” e inmediatas que se plantean, pero hay que enfrentarlas desde una visión general de la situación de las mujeres trabajadoras, la doble explotación a la que nos vemos sometidas.

Porque queremos un cambio y tenemos que encabezar nuestra propia lucha, alentamos al feminismo o barbarie. Si te interesa, pregunta en CNT Gijón para generar red de protesta y armar juntas una asamblea.

MUJER, SI NO LUCHAS,
¡NADIE TE ESCUCHA!

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