¿Que ye’l Bloque Críticu Estudiantil?

Saludamos la aparición de este nuevo colectivo que ha sabido desbordar y romper las torgas que embridan al movimiento estudiantil, deseando desde lo más profundo que sean capaces de acabar con la paz social impuesta a los estudiantes.

Hasta hace unos pocos meses el movimiento estudiantil en Asturies era, a grandes rasgos, el mismo que podríamos encontrar en cualquier otro lugar del Estado: ese movimiento lento, encadenado de pies y manos y bien conducido por los charlatanes del Sindicato de Estudiantes a través de la calle Uría, siguiendo ese circuito perfectamente trazado por las lecheras, con la Policía Nacional satisfecha y de brazos cruzados, entre consignas insípidas que celebran secretamente la paz social, esa paz social que nos mata lentamente, e incluso, nos hace creer que somos libres.
Pero el Bloque Críticu Estudiantil ha planteado un cambio de ruta para salirnos de ese callejón sin salida con el que nos intentan camelar en cada convocatoria de huelga, y del que ya estamos hartos. Esto no va de mesías de la burocracia metidos a calzador en los patios de recreo y los campus, sino de un movimiento de bases, creado precisamente por esos jóvenes de clase trabajadora que no saben muy bien qué va a pasar cuando acaben sus estudios, o incluso si podrán hacerlo, si el sistema no les expulsa antes a golpe de reválida. Ante esta situación de incertidumbre y de ofensiva capitalista, se comprendió que la única salida era luchar, y eso implicaba dar un paso al frente y no esperar a que algún manual de instrucciones revolucionario cayera del cielo y nos salvara el día. Las conversaciones entre miembros de la Xunta Estudiantil Asturiana, las Juventudes Libertarias y las coordinaras antifascistas de Avilés, Nora y Nalón llevaron a una serie de asambleas en las que se fue gestando lo que acabaría conociéndose como Bloque Críticu Estudiantil, al que por supuesto, se unieron desde el inicio muchas otras personas que no militaban en ninguno de estos colectivos, y que hicieron del Bloque sus siglas.
Así, se conformó un puzle muy variado, de anarquistas y comunistas, soberanistas y republicanos, punkis y raperos… pero siempre desde el entendimiento y el respeto mutuo. Por encima de la ideología que siga cada miembro, dentro del Bloque solo sobresalen unas siglas: UHP. De entender que es más lo que nos une que lo que nos separa, y que no solo compartimos enemigos, sino también herramientas, y en definitiva, un proyecto de sociedad justa e igualitaria. El discurso del Bloque Críticu está vertebrado por esos ejes que son comunes a todos los que marchan bajo su pancarta: la autogestión al margen de esas subvenciones que son puro veneno, la defensa de la Llingua en este Estado que silencia a los pueblos, el compromiso antifascista y feminista, una crítica estructural al sistema educativo, y por supuesto, el anticapitalismo. La diversidad, lejos de ser un obstáculo en este proyecto común, es enriquecedora, aportando muchos ángulos a este prisma que es el Bloque.
Entendemos que la huelga estudiantil, como cualquier otro paro, es una acción ideológica. Ni los institutos, ni las facultades, ni los centros de formación profesional se encuentran en una dimensión paralela. Fuera de las aulas hay un mundo del que también formamos parte: un mercado laboral y una sociedad de clases que tarde o temprano nos pondrá en primera línea de fuego, y que ya está influyendo en la educación que recibimos y las condiciones en la que ésta se da. Solo somos alumnos en el pupitre. Ahí fuera somos hijos de obreros, futuros obreros precarizados, futuros obreros en paro… Esterilizar el movimiento estudiantil de todo este componente político, reducirlo a pedir la dimisión de un ministro, es negar la realidad en la que vivimos, y por ende, aceptar a pies juntillas sus injusticias. En el Bloque Críticu no echamos de menos la LOGSE ni la LOE. Si nos hablan de un paraíso perdido de la educación, pensaremos en Ferrer i Guàrdia. La LOMCE tampoco es el fin del mundo, solo un paso más en un proceso que viene de lejos, eso sí, ahondando más que nunca en la mercantilización y en la segregación que siempre nos ha procurado el sistema educativo. El problema es mucho más profundo, y tiene que ver con esa concepción de la enseñanza como una fábrica en la que enseñar al niño el ABC de la obediencia y la normalidad, poniendo vedas a su imaginación y garantizando que se pierda en interminables ejercicios mecánicos, en vez de discurrir por sí mismo. A este panorama se ha enfrentado tanto una alumna de la ESO como una de BUP, en una larga tradición detrás de la cual podemos intuir la sombra del capitalismo, que ya piensa en deshumanizarnos y meternos en su redil productivo desde que salimos del útero. La lucha estudiantil, por tanto, solo es un frente más en una amplísima guerra de clases contra un sistema económico que extiende sus tentáculos a todos los aspectos de la vida, en cada uno de los cual tendremos que montar nuestro campamento y librar una batalla a la muerte. Pero sin coordinación, sin unidad de clase, estamos condenados al fracaso, a esa Nueva Izquierda de grupúsculos que no ven más allá de su ombligo sectorial. La solidaridad empieza en casa, en salirse de la zona de confort y unificar luchas. Por eso desde el Bloque Críticu tanto realizamos una recogida de alimentos, como apoyamos la huelga de las trabajadoras de las cafeterías de la Universidad de Oviedo.
No nos gustan las frases incendiarias gratuitas, preferimos actuar, y luego ya que la prensa burguesa nos llame antisistemas, extrema izquierda y lo que quiera. Hace ya mucho tiempo que nos cansamos de la vida contemplativa que algunos autoproclamados “revolucionarios´´ entienden por militancia. Si el fin no está contenido en los medios, solo se es una pose conformista sin potencial transformador; una colección de camisetas y pegatinas vacía de praxis. En el Bloque Críticu preferimos guiarnos por esa máxima de que el movimiento se demuestra andando.
Hay que reconocer una cosa, y es que al principio nadie daba un duro por el Bloque. Incluso a los que llevábamos desde el principio en el Bloque nos pilló de sorpresa el éxito y la cantidad de gente que pudimos movilizar bajo nuestra pancarta. Un servidor recuerda haber llegado tarde a la primera manifestación, subir la ladera del parque San Francisco y de primeras y sin mucha fe, encontrarse la cabecera del Sindicato de Estudiantes. Pero detrás de eso, ver una masa aún mayor de chavales de todas las edades, combativos y espontáneos, gritando sus propias consignas, de las que provocan, con carteles traídos de casa, megáfonos, pancartas, banderas, panfletos, botes de humo y demás enseres.
… Parecía otra manifestación en comparación con la comitiva del S.E, casi otro mundo, aunque de todas formas nuestro discurso atravesó esa barrera invisible, consiguiendo que los chavales de delante dejaran los cantos de sirena del S.E y gritaran nuestras consignas. Así pudimos tomar la iniciativa en la marcha, logrando que toda la manifestación mostrara su rechazo al puñado de nazis que merodeaban desde el borde del recorrido con sus zarpas y banderas fascistas, que tuvieron que doblar para marcharse a la carrera.
Probablemente, una de las claves del éxito del Bloque Críticu ha sido mostrarnos como lo que somos, un grupo de jóvenes, estudiantes y trabajadoras, que llaman a sus iguales a salir a las calles y luchar por lo que es suyo, con una cercanía y complicidad que solo se puede conseguir desde un movimiento de bases y asambleario. Ni en los campus ni en los patios del recreo se nos veía como el enésimo intento de alguna Vanguardia izquierdista para adoctrinar y manipular a los estudiantes, sino como algo nuevo: un ente orgánico en constante cambio, en el que se podía influir, participar, y ser protagonista. Otro punto decisivo fueron las redes sociales. Al ser un grupo de jóvenes, y no la típica gerontocracia atrapada en viejos esquemas, supimos conectar con lo que primero fueron espectadores, y luego, compañeros del Bloque. Eso incluía las páginas y eventos de rigor del Facebook, pero especialmente, las publicaciones en Twitter e Instagram, donde los chavales están más activos y muestran mayor interés. Aquí se alcanzó un alto grado de repercusión, con una política de mostrarnos cercanos y accesibles. Por ejemplo, se subían fotos de cómo pintábamos las pancartas, tanto para que no se nos viera como algo abstracto, como para facilitar que la gente nos encontrara en la mani. También hubo que responder a los mensajes privados que nos enviaban un montón de chavales que querían acudir a la convocatoria, pero no sabían qué autobuses coger, qué banderas llevar, o si les pondrían falta en clase, entre otras muchas dudas, conformándose una especie de consultorio virtual en las vísperas de la huelga. Además, se estrecharon lazos con organizaciones afines de otros lugares del Estado, topándonos por ejemplo con un colectivo en Madrid que se llamaba igual que nosotros. Conversamos con estos grupos y nos intercambiamos mensajes de apoyo y consejos, pensando en lo interesante que sería hacer alguna acción coordinada a nivel estatal, algún día no muy lejano. También se contactó con usuarios de cuentas políticas muy populares en las redes, para que nos hicieran un poco de publicidad. Pero quizá el mejor medio de difusión haya sido el boca  a boca, por el cual el Bloque saltaba como un rumor desde un militante a sus amigos, y a los amigos de estos, y así sucesivamente, hasta expresarse como una realidad en las calles.
A la gente también le llamó mucho la atención nuestro logo, que representa a la perfección el espíritu del Bloque: una Mafalda con la cara tapada que se mueve entre la clandestinidad y la ternura, entre ser radical pero también aperturista. Y es que lo cortés no quita lo valiente. Entre el gueto ideológico y el establishment hay una inmensa tierra de nadie en la que nuestros antepasados pudieron formar organizaciones revolucionarias de masas, y hacía allí debemos caminar. Fue impresionante ver juntos a skins de la vieja escuela y a padres con sus hijos pequeños, a la gente del rollo y a muchos estudiantes que quizá vinieran por primera vez a una manifestación.
Está claro que el Bloque ha servido como punto de encuentro para la juventud militante de Asturies, pero también para ir más allá y atraer savia nueva, a tantos chavales ¡que quién sabe qué harán en el futuro! No se trata de ser los mismos de siempre con otro nombre sino de crecer y alcanzar nuevos horizontes, de que el todo sea más que la suma de las partes.
En cualquier caso, el futuro del Bloque Críticu todavía un misterio. Queda por decidir si estamos ante una plataforma que coordine a diversos colectivos, o una organización en sí misma. Este dilema quedó patente en el tema de la financiación, donde ha recurrido a un sistema mixto, por el cual cada miembro intenta aportar lo que pueda, y en caso de que la recaudación sea insuficiente, se recurre como ayuda a las cajas de los colectivos que integran el Bloque, véanse las Juventudes Libertarias o la Xunta Estudiantil Asturiana. También hay que ver cómo nos vamos a adaptar a una temporada que se prevé tranquila, ante la probable ausencia de movilizaciones estudiantiles a gran escala. Probablemente la solución discurra por unirnos a la lucha en otros frentes, por ser multisectoriales, e involucrarnos más a fondo en el antifascismo, dado el preocupante ascenso de la extrema derecha entre los más jóvenes, al calor del fútbol, los gimnasios y la farla.
La última manifestación se saldó con dos detenciones, agresiones de la Policía y la irrupción de una bandada de nazis que pudieron ser expulsados de nuevo, aunque no fuera fácil. En todo momento, la respuesta de los compañeros y compañeras del Bloque fue valiente y decidida, aunque se cometieron muchos errores en seguridad y organización, de los que ya hemos empezado a tomar nota. En cualquier caso, la rabia con la que nos miraban nazis y policías, cerdos y guripas, nos parece un buen baremo del ruido que hacemos y de nuestro potencial para lograr grandes cosas. Aún nos queda mucho por hacer, todavía más por aprender, pero como nos gusta decir, el movimiento se demuestra andando, y apenas hemos empezado a caminar. ¡Nos vemos en las calles!

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