La madurez militante

Hemos de aceptar que actualmente existe un divorcio entre el anarquismo y el resto de la población. Cuando se plantea abiertamente esta circunstancia la mayoría de anarquistas suelen afrontarla con tres actitudes que considero igualmente erróneas: negación, aceptación orgullosa y desesperación por enmendarlo a cualquier precio.

La negación es fácilmente identificable y sin embargo es uno de los aspectos que menos nos cuestionamos. Es incómodo sonreír y no tener los dientes tan limpios como se esperaba. La negación parte de una concepción pueril y dogmática del anarquismo que podríamos resumir así: el anarquismo es una idea superior; sus adeptos, superhombres o supermujeres; la Anarquía -como concepto abstracto- sustituye a Dios. ¿División entre el pueblo y el anarquismo? Gilipolleces. El anarquismo es lo mejor, insuperable, incuestionable, incriticable; el pueblo es anarquista, sólo que no lo sabe ¡hay que despertarlo!; siendo los mejores y moralmente superiores al resto, nos toca iluminar al pueblo; nuestro descrédito actual se debe exclusivamente a la manipulación mediática y al tándem Estado/Capital; no tenemos ninguna responsabilidad; volveremos a ser grandes; la revolución está cerca; vamos a nuestros locales a regodearnos con esta idea.

Este pensamiento lo relaciono con nuestra infancia militante. Es lo que sucede cuando uno se entusiasma con algo de forma ciega, acrítica, cuando nos gusta sentirnos pertenecientes a un grupo por la propia idea de pertenencia -identitarismo social-, pero sin necesidad de trabajar por un objetivo concreto. Es la mentalidad infantil del groupie o del hincha de fútbol; su ídolo o su equipo son intocables, matarían por él, pero todo ese fanatismo lo concentran en un objeto superior y por ello ajeno a ellos mismos. Esta idea, ingenua pero tremendamente autodestructiva, no acepta ni admite el autoanálisis ni la autocrítica necesaria para detectar fallos, implementar estrategias y hacer que los objetivos anarquistas puedan dotarse de realidad a corto plazo. Ha sustituido la militancia real por las consignas, la simbología, los mitos y el folclore. Su campo de trabajo es la nostalgia y la escolástica; construir la revolución hoy, día a día, destruiría su idealización de un movimiento y un pasado.

Tenemos después la aceptación orgullosa ante esa separación con la gente de a pie. Puede que esta actitud sea el resultado de una salida traumática de la anterior etapa, de un choque con la realidad; puede también que sea el fruto de un contacto poco satisfactorio con los demás. Este período de descreimiento y hostilidad hacia el resto, de encerrarse altivamente en un mismo, lo asocio con la etapa adolescente de nuestra militancia. Esta actitud, entendible en un principio, poco a poco tiende a degenerar en la más abyecta autocomplacencia.

Como anarquistas es lógico sentir aversión hacia a lo que nos rodea, no sentirse identificados con la sociedad que nos ha tocado, sentirse distanciados de sus usos y costumbres, humillantes y opresivos. Pero la cuestión es si esta distancia la sentimos hacia la opresión o hacia los oprimidos. Hay gente muy orgullosa de su anarquismo, tanto que lo considera un artilugio exquisito y complicado, de uso restringido, no apto para ineptos. Creen situarse con Albert Libertad en su oposición a los pastores y a los rebaños, pero sólo odian a los rebaños, y del rebaño a las ovejas más raquíticas y tullidas. Buscan grados de perfección, encerrados en herméticos círculos de retroalimentación, y todo lo que suene a popular, inculto, sucio, pobre, “lumpen”, les da alergia. Como los anteriores, pero en este caso con desprecio hacia la “gente normal”, no quieren mezclarse con nada que no huela a ideología, porque cualquier contacto con la realidad rompería su perfecto concepto de una idea de invernadero, protegida de la luz y el aire tras un cristal. No pueden enfrentarse a la contradicción, al error, al fracaso. No sienten empatía, y su anarquismo es un monstruo cerebral pero sin corazón ni entrañas. Piensan a sí mismos en clave anarquista, y le ponen al término bonitos apellidos, pero son tristes aristócratas. Pueden sentirse amparados por Stirner, Zo d’Axa o La Boétie y su férula contra la servidumbre voluntaria, pero la verdad es que siguen ciegamente a Nietzsche, Sade o Spencer en el desprecio hacia el esclavo, recitando aquello de “que los pobres y débiles perezcan, primer principio de nuestro amor a los hombres. Y que se les ayude a morir”. Sienten por la “plebe” lo mismo que el marqués o el empresario, pero lo disimulan tras la bandera negra y la jerga intelectual robada de la última novedad editorial. Ya lo decía Agustín Hamon: “contemplan al pueblo desde las serenas alturas donde moran y que la vil multitud jamás alcanzará. Se creen y se llaman a sí mismos superiores a la raza humana. Son libertarios… para ellos y autoritarios para los demás”. Son el paso previo a una senectud amargada, incapaz de establecer contacto con la realidad, con sus actores, con la gente de carne y hueso; incapaces de contactar con la vida al fin. En su mente todo es perfecto, ¿por qué exiliarse de ella y salir a la calle? No moverse, quedarse quieto, ese es el secreto de la perfección; si no te mueves no hay margen de error. Quizás no sean felices, pero lo encubren tras una terrible sensación de superioridad que les hace sentirse orgullosos de no querer saber nada de los problemas de los demás; problemas que quizás, sin darse cuenta, puedan ser los suyos mismos.

Finalmente tenemos la desesperación, aunque desapasionada, por corregir esta situación. Quizás se provenga de las dos anteriores etapas, se esté cansado y ahíto de tanto tiempo perdido. Se ha crecido, emocional y biológicamente, y las malas experiencias, tanto con la irreflexión folclórica como con el esnobismo, ha llevado a tirar mucho equipaje ideológico, a aborrecer tanto purismo anarquista y a querer implicarse justo en lo que se cree lo contrario a lo que los anteriores defienden. Se busca seriedad, romper con los clichés, pero se tiene ya poca energía para crear nada nuevo y trazar la propia vía. Es lo que identifico como la vejez del anarquismo.

En esta etapa, por simple oposición, por agotamiento y renuncia, se traspasan todas las líneas rojas que uno mismo se había fijado para no parecerse a ese poder al que tanto se despreciaba, se acaba confundiendo la tolerancia con la renuncia, y se acaba apoyando la vía institucional o partidista. Es el momento en el que para centrarse se acaba en realidad desorientado, sin norte. Ya no se ve mal contemporizar con los partidos, cualquier aversión hacia ellos parece un prurito dogmático. Colaborar con lo institucional, votar, pierde su importancia; cualquier oposición a esto es una reminiscencia de estrechez tribal. Se cree que para aproximarse al pueblo hay que dejar de mostrar oposición a los mismos elementos que lo han despojado y destrozado, contemporizar con quienes lo saquean o manipulan. Al final, los militantes que han caído en la decrepitud, que no han sabido hacerse mayores de forma natural, defienden algo que no conserva ningún rasgo diferenciado con respecto a cualquier otra idea o práctica, nada que lo singularice lo suficiente de lo que predican los partidos o los sindicatos amarillos como para llamarlo anarquismo. Conservan el nombre por inercia, por rutina, porque son muchos años portándolo y el resto del espectro político está copado. La realidad es que se ha perdido cualquier atisbo de rebeldía, de oposición a ley, de carácter revolucionario; ya sólo interesa la parcialidad como meta, la concertación como fin, el mínimo como máximo. Se habla de comunismo libertario, pero tal y como los religiosos hablaban de la tierra prometida: una promesa de futuro que no llegaremos a ver. No queda nada trasformador. Todo se ha perdido, salvo el nombre.

A estas etapas pienso honestamente que hay que contraponerle la simple y llana madurez. Hay momentos en los que comprendes que no necesitas la mitología para realizarte, ni la identidad grupal; que los tiempos de ritos iniciáticos han pasado; y que parecerse a quienes nos degradan y postergan, hacer las paces con ellos, no es un signo de amplitud de miras sino de rendición incondicional.

Podemos acercarnos al pueblo sin idealizarlo. Si se toma partido por su causa no es por sus cualidades y virtudes, sino porque en esta guerra son los damnificados, los que van perdiendo. Cuando intervenimos en una pelea no nos paramos a pensar si la víctima agredida le da un beso a sus hijos antes de acostarse o si respeta la vida de los animales; intervenimos aunque a lo mejor estamos ayudando a alguien que no es mejor que su agresor. No hace falta idealizar al que se lleva la peor parte para tomar partido. Cuando hablamos de las civilizaciones precolombinas, ¿necesitamos idealizarlas, mostrarlas libres de jerarquía, propiedad e injusticias para condenar y oponernos a la masacre que padecieron? No es necesario. Se puede uno acercar al pueblo aceptando sus fallos y contradicciones. Son muchos años de condicionamiento, de domesticación, no podemos pretender romper millones de cadenas mentales de un solo golpe. ¿Qué somos si no nosotros mismos? Parte de ese pueblo: una parte igual de sucia, de fea, de maloliente, con sus mismas mezquindades, prejuicios y estrecheces. Hemos de mirarnos al espejo, ver qué éramos antes de creer que habíamos aprendido cómo funciona el mundo, y cómo seguimos siendo en la intimidad y sin auditorio. Una parte, sin embargo, que pudo darse cuenta de su situación siguiendo un proceso que a nadie le está vedado, aunque se produzca de distintas formas.

Hemos de acercarnos a la gente a cara descubierta, sin renegar de lo que somos, con nuestros bártulos y herramientas, pero no para guiarla, sino para construir con ella. Basta de pensar que sólo podemos acercarnos a la gente a través de la caridad y el asistencialismo,de pensar que nos odian sólo por desconocimiento cuando a veces es porque nos conocen demasiado bien. Nos gusta hablar de quebrar la ley en lo teórico, incluso de participar en un acto catártico durante una manifestación, pero no somos conscientes de que se puede romper esa misma ley a favor de los intereses del pueblo y no contra los mismos. Cuando se okupa y se comparte, cuando se expropia y se socializa, cuando se para un desahucio a través de un piquete, la ley queda rota y la gente se siente identificada con lo que la han hecho añicos. Cuando salimos de nuestro ambiente, de nuestra zona de confort, surgen las contradicciones, pero también la única oportunidad de enfrentarnos a ellas y rebasarlas. Cuando analizamos la insolvencia y en vez de contemplarla resignados nos planteamos organizarla, plantearla no como una fatalidad sino como un desafío, podemos estar en disposición de crear sindicatos de inquilinos, organizaciones de deudores, de insolventes. Plantearnos como parte de un programa a largo plazo metas como las fijadas por la Comuna de París en 1871: liquidación de alquileres y cancelación de las deudas. E ir construyendo esto a base de efectividad, con acciones concertadas de impago. Convertir lo que va a pasar contra nuestra voluntad en un acto voluntario; lo que es una tragedia personal en un acto de resistencia colectivo con contenido político reivindicativo. Pasar a la acción.

Propuestas como estas, y muchas otras, más imaginativas y mejor planteadas seguramente, están ahí, en la calle, esperándonos. Los barrios, duros, cargados de códigos, de capitalismo desnudo, sin pretextos intelectuales, y en los que diariamente la solidaridad se da de hostias con la crueldad, requieren mucho trabajo de campo. La etapa madura de la militancia pasa por darse cuenta de lo que no se quiere ser, pero también por asumir que a veces hay que trabajar donde nadie más quiere, donde la situación no es cómoda; pasa por asumir lo desagradable como parte de nuestra vida, pues esa es la única forma de poder cambiarlo. Consiste en dejar los manuales a un lado y experimentar por uno mismo. Consiste en no resignarse, ni con la injusticia, ni con la revolución de papel, ni con el pacto como antídoto de la subversión. Consiste en contemplarse al espejo con toda la aplastante sinceridad del reflejo, sin quitar la vista de los defectos, de las flacideces, de las cicatrices, sin ocultar lo que se es, viendo también las virtudes y potenciándolas, sacando partido de nuestra osadía, de que no han podido corrompernos, de que no estamos en el ajo y tampoco podemos seguir al margen. Consiste, simplemente, en tener una mirada muy limpia y unas uñas muy sucias.

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Huyen los trileros

Van llegando buenas noticias de las luchas que está protagonizando la hostelería gijonesa. En las últimas semanas ha finalizado el conflicto que la CNT mantenía con las cervecerías Lautrec/Transporte por los abusos laborales de la empresa contra una trabajadora. Si bien la resolución no ha sido la esperada, finalmente los empresarios han tenido que reconocer la relación laboral, categoría y jornada realizada.


Mucho más satisfactoria ha sido la resolución del conflicto de la Cafetería del Grupo Covadonga. Tras meses de lucha por un despido arbitrario por parte de la nueva concesionaria, CSI ha logrado la readmisión del total de la plantilla. ¡Un notición en toda regla!
Finalmente, hay que destacar la desbandada que está produciendo en las últimas semanas por parte de algunos trileros y esclavistas gijoneses que tienen como campo de actuación la hostelería. Varios negocios como La Parrilla Pollos Planes (situada en el Molinón) o El Paseo (situado en Begoña), han decidido echar el cierre ante la perspectiva de un conflicto con CNT (y por una mala gestión del negocio, que todo hay que decirlo de los emprendedores). Por su parte, el dueño de la Cervecería El Convento prefiere traspasar el negocio y dedicarse a otra cosa, antes que seguir soportando la presión sindical.
No son los primeros, hace un año y medio Tommy Mels hubo de correr la misma suerte por el trato esclavista y vejatorio a sus trabajadoras.
Así que ya sabemos cual es el camino

¿Quién será el siguiente?

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Frente Folixariu

Decía Dixebra hace más de 20 años “¿Quién yera necesariu? ¡El frenti folixariu! ¿La nuesa ideoloxía? ¡Folixa cada día!” y no es baladí el asunto, si lo dice Dixebra, que toca en todos los saraos habidos y por haber en Asturias desde hace ni se sabe, tiene que ser verdad.
El frenti folixariu mantiene una actividad frenética desde hace muchos años y parece que va a más. Por él no pasa el tiempo y es capaz de renovarse constantemente, hasta ampliar las huestes a límites insospechados.


Aparece y se manifiesta con extrema dureza una o incluso dos veces al mes. Con la misma dureza que los grupos musicales que los inspiran y convocan, narran en sus canciones. Gritos y consignas contra los políticos y la política, contra los nazis y facciosos, contra la policía y la represión. Cantares recordando y exigiendo emular antiguas y gloriosas batallas del pasado de un movimiento obrero que ni conocen ni esperan conocer. Cuentan las malas lenguas que en ocasiones, van más allá de la pura consigna y algún valiente, algún héroe de la vanguardia folixera, llega a aparecer disfrazado de minero en los conciertos o revienta una cerveza – ¡o peor¡ un vaso de cacharro – contra el suelo mientras maldice al capitalismo.
Y fin del asunto porque en la vida verás a un integrante del frenti folixariu participando de una lucha vecinal, parando un desahucio, involucrándose en algún conflicto laboral, peleando contra la contaminación, etc. En fin, participando de alguna de las luchas que los músicos a los que corean describen en sus canciones y que son en definitiva, semilla de las grandes gestas que se cantan en los conciertos con el puño en alto.
En esos conciertos en los que, entre cerveza y raya, ha hecho el frenti folixariu la revolución unas 60 veces en lo que vamos de siglo, pero solo en los conciertos, que como dicen otros ídolos del frenti, Lehendakaris Muertos “la revolución nos pilló de resacón”.
Pero las cosas como son, aveces el frenti sale del concierto, eso sí, solo si la movilización la recogen, fomentan y marcan esos mass media que siguen las masas aborregadas pero ellos no, que para algo son la vanguardia iluminada de la clase obrera.
Ahora llega el 1º de Mayo, que es como la Nochevieja de los integrantes del frenti, la gran fiesta del año y en la que ir de folixa en folixa cantando a la revolución. Por fortuna para el mundo pero por desgracia para ellos, pasó la época de los grandes macroconciertos en los que sacar pecho al grito de “ Santa Barbara Bendita”  –  como poco – . Quedarán reductos de folixa anticapitalista en los años venideros, con mucha pasta, apoyos y pocas ganas pelea y es que “Frente folixariu, frente guerrileru defende los drechos del pueblu folixeru” y cuenta con apoyos, pero por fortuna, las cosas están empezando a cambiar.
¡Menos mal que la revolución la harán los que escuchan reaggeton! Si del frenti folixariu dependiera igual montábamos un tributo a La Polla y nos dejábamos de historias.

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Los trabajadores de Capgemini pasan a la acción

Recientemente se ha creado la sección sindical del centro de trabajo de Capgemini en la Felguera. Un centro de trabajo donde trabajan unos 800 obrerxs de los cuales más de la mitad se encuentran cedidos ilegalmente, con la espada de Damocles del despido colgando sobre sus cabezas. A parte nula formación, menor salario… La empresa alega que están creando puestos de trabajo, “es la única manera”. Pues algunos ya se están hartando de estas maneras y se han organizado para reclamar lo que cabe de lógica: “a igual trabajo iguales derechos”.
De momento la empresa se niega a recibir a la sección sindical de la CNT por lo que se prevé que la presión aumente en los próximos meses. Cabe resaltar la conducta del CSIF miembros del comité de empresa que tras varios años sin conseguir una triste migaja han sido los primeros en correr a decir que los trabajadores no se pueden organizar en la CNT, es ilegal… Daría risa sino fuera porque esta ralea de sindicaleros son los que en connivencia con la empresa mantienen a más de la mitad de la plantilla marginada. Pero ¿Qué es la cesión ilegal de trabajadores? Dejamos que lo expliquen los compañeros de la sección que lo tienen muy claro:

•Respondiste a una oferta de trabajo de una empresa “consultora”, que no es una ETT.
•Superaste las entrevistas, alguna tal vez incluso realizada por personal y en oficinas de la empresa “cliente”.
•Firmaste el contrato con la “consultora”, y te enviaron a trabajar a la empresa “cliente” (o al cliente del “cliente”).
•Trabajas en un proyecto gestionado por la empresa “cliente”, a las órdenes directas de los responsables de ésta, y con sus medios materiales, como un empleado más de la misma, realizando tareas análogas. Esta empresa establece los horarios y con ella acuerdas el disfrute de tus vacaciones.
•Mientras tanto, la empresa “consultora” se limita a poco más que figurar en la nómina y gestionar el cobro de tus horas de asistencia. Muchas veces ni siquiera proporciona un ordenador portátil a sus supuestos empleados.
El Estatuto de los Trabajadores en su artículo 43, es muy claro respecto a esta situación tan habitual en el sector TIC:
•Sólo las empresas de trabajo temporal (ETT) pueden contratar trabajadores para cederlos temporalmente a otra empresa.
•Existe cesión ilegal cuando el objeto de los contratos de servicios entre las empresas se limita a la mera puesta a disposición de los trabajadores de la empresa “consultora” al “cliente”, o cuando la “consultora” no ejerce las funciones empresariales de gestión del servicio.
•Los trabajadores en esta situación tienen derecho a adquirir la condición de fijos en la empresa “cliente”, y la antigüedad se computará desde el inicio de la cesión ilegal.
Conforme a la legalidad vigente eres trabajador indefinido de la empresa “cliente” desde el primer día. Tan solo necesitas lograr el reconocimiento de ese derecho.

¡LOS DERECHOS SE
CONQUISTAN LUCHANDO!

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Reflexiones desde la perrera

Durante los años del nefasto “Estado del bienestar”, la propaganda del sistema, camuflada con la excusa del entretenimiento a través sobre todo del cine y de las series de tv, nos inculcó el individualismo y la ideología capitalista del “pisa a quien sea para triunfar”, y con eso y cuatro “privilegios” nos hicieron pensar que ya éramos distintos a esos mugrientos obreros de principios de siglo. Que no éramos iguales, que dependía de nosotrxs mismxs el tener una vida más cómoda y que aunque estuviéramos juntxs en el trabajo, en el súper o en el bar, no teníamos que ver nada lxs unxs con lxs otrxs, que no formábamos parte de una misma clase social.
Incluso nos convencimos de que no había clases sociales.

Pero este sistema que no sólo es económico sino que es social y por tanto influye en cada aspecto de nuestras vidas, se basa en dos clases: una clase, la nuestra, la que depende totalmente de las decisiones de la otra clase social, la poseedora de todos los medios de vida.

Lo que no consiguieron sangrientas dictaduras mediante la fuerza, lo consiguió la democracia sin pegar prácticamente un tiro. Consiguió en treinta años de paz, separarnos de nuestrxs semejantes, aislarnos y encerrarnos en nuestros pisos-almacén y hacer desaparecer años, incluso siglos de práctica del apoyo mutuo y la solidaridad de clase, y por tanto dejarnos completamente desarmadxs.

La comodidad del Estado del bienestar encerró a cada cual en su casa y como papá Estado se encargaba de todo ya no había nada que hacer en común, ni nadie con quien solidarizarse. Todos libres. ¡¡Viva la democracia que aisló a las personas en sus cubículos y separó lo que parecía indivisible, al animal humano del resto del entorno y de sus iguales!!

Ahora que la ideología del “bienestar” es insostenible, volvemos a reconocernos poco a poco como lo que siempre fuimos, esa clase que negábamos: lxs explotadxs, la mano de obra prescindible, la clase

trabajadora o el proletariado, cada cual que lo llame como quiera.

Ahora con la llegada de la crisis capitalista empieza a ponerse de manifiesto que el paro, la precariedad, la falta de medios de subsistencia, etc. no son problemas personales de unxs pocxs vagxs o fracasadxs, sino que son consecuencia de un sistema social basado en la explotación de todos la mayoría por una minoría.
Y ahora es cuando nos damos cuenta de que estamos realmente desarmadxs. Que separándonos de nuestrxs semejantes lo que hicieron fue condenarnos. Pero aun viendo esto, seguimos aislados, pensando que será un problema individual y no algo colectivo, una consecuencia de un sistema de producción impuesto por la fuerza. Un sistema que nos dejó desposeidxs y nos explotó durante siglos, y que finalmente hizo que nuestras vidas fueran menos valiosas que los objetos que fabricamos, servimos, colocamos o lo que sea que hagamos para engordar sus dividendos.

Nos sentimos solxs en este mundo, y en consecuencia derrotadxs.
La destrucción de una forma de vida basada en el apoyo mutuo, la solidaridad entre una misma clase y el enfrentamiento contra quienes nos roban la vida fue lo que nos llevó a este aislamiento.

Pero aunque aún cueste romper con él, esa forma de vida no se borra así como así, y es la propia necesidad creada por el capitalismo la que hará que resurja más fuerte aún la Comunidad de lxs explotadxs. Y será esta Comunidad la que acabe haciendo saltar por los aires este sistema cada vez más insostenible.
Pero no valen las prisas, de momento toca ir reconstruyendo, estamos todavía dando los primeros pasos, esperemos que más temprano que tarde llegue el momento de  dar la patada que ponga patas arriba el mundo de la mercancía.

Y esta vez habremos tomado nota de nuestra mayor y más sutilmente infringida derrota, y no volveremos a caer.

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Sinceridad

Es un espectáculo triste el de nuestros días. La mentira pública y privada corroe las entrañas de la sociedad.
El vicio gana a los hombres y a las mujeres, a los ancianos y a los niños. La vanidad desvanece al cerebro.
Hipócritas y fatuos, embusteros y degradados, corremos tras miserables fines de pasajero goce. Invadidos por la epidemia del escepticismo más repugnante pisoteamos la conciencia, despreciamos la personalidad.
Todo es igual si cuidadosos aparentamos cualidades que ni nosotros mismos ni nadie nos reconoce. Hemos firmado un compromiso con las apariencias rindiéndonos a la maldad.

Nuestra educación política, nuestra educación social, nuestra mentalidad, nuestra efectividad, todo, absolutamente todo, descansa en ese compromiso. No es esto pesimismo de escuela ni pesimismo de tendencia orgánica. Es la expresión de la realidad que se impone por doquier.
Contemplamos a un hombre cualquiera, sean las que fueren sus ideas y sus sentimientos y de pronto salta la mentira, salta el fingimiento, salta la vanidad. Los escépticos declarados se confiesan o excusan. Quien se excusa se acusa, leí no sé donde. Los que tienen o parecen tener ideas, aspiraciones, velan lo mejor posible su propia insania. Provocadlos, y os enseñarán más mentiras que verdades, más vanidad que ciencia propia, más hipocresía. La línea recta es el egoísmo estrecho de las más diversas concupiscencias. No faltan los que cínicamente ostentan la perversidad de la moderna vida social.
Estamos en plena crisis de todo un mundo que amenaza próxima ruina. Desgraciados los resortes de la vida moral, del idealismo trascendental, de la política rancia, pero el mundo se entrega a las más bajas pasiones.
La ambición se desborda: ambición mezquina, pobre, deleznable. El egoísmo cristaliza; egoísmo raquítico, anémico. Todas las cualidades noble sde la personalidad bailan una danza macabra y se prosternan en el altar de la concupiscencia. Se ponen las ideas, los sentimientos, al servicio de la pasión. Es menester “arrastrarse para subir, como hacen las orugas, a lo largo de una estaca.” “En vano (Dumont) un hombre reflexivo y sensato querrá permanecer inmóvil en su condición, hacer consistir su lujo y su independencia, y gozar descanso y reposo: no se le dejará tranquilo. El desinterés, la vida simple y con severidad independiente, son artículos pasados ya de moda y objeto de un desdén general.”

Se miente religiosidad, se miente amor al prójimo, se miente abnegación, se miente sinceridad. La cucaña tentadora, la cucaña política, la cucaña de la riqueza, la cucaña del renombre, la cucaña del aplauso: he ahí todo. Hay que trepar aunque se arrastrándose como los insectos más repugnantes. Trepad, pues, hombres del día. Trepad los que aspiráis a gobernar, los que queréis dirigir, los que soñáis con brillos de efímero deslumbre; trepad los ambiciosos, los glotones de la riqueza; trepad los que os creéis elegidos, predestinados a una hegemonía literaria, política, científica o social; trepad todos a porfía, que la masa estulta os ayudará placentera, creyendo o aparentando creer en vuestras promesas de gloria o de bienestar o de grandeza; en vuestros mentidos servicios; en vuestra necia superioridad.
Las pestes se vencen a fuerza de higiene. La higiene social tiene un nombre: VERDAD. La verdad será el gran reactivo que nos devuelva al dominio de nosotros mismos. Digamos, impongamos la verdad tercamente, sin arredrarnos por nada, hasta con los puños, si es necesario…
La verdad nos emancipará.

Ricardo Mella, Acción Libertaria, nº22
17 octubre 1913

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Se felíz

¡¡Trabaja!! ¡¡Consume!!
Si no puedes porque no te necesitamos siéntete mal. Eres un objeto y los objetos están para usarse, si no puedes ser usado, eres un objeto inservible. Fustígate por ello.
Los “problemas personales” déjalos en casa. Son cosa tuya, no derivan de una forma de vida planificada para la producción y el consumo de mercancías.
Además tú eres otra mercancía y las mercancías no deberían tener preocupaciones. Regocíjate por ello.
Siéntete realizado  siendo esa  mercancía despreocupada, rentable y productiva.
Sé alguien en la vida.

¿Que para eso necesitas una vida?
No te preocupes, nosotros te la empaquetamos. Escoge el pack que más se adapte a ti y que verás desde niño en nuestras entretenidísimas producciones audiovisuales.
¿Te agota el trabajo?
Tranquilo. No todo va a ser producir: Sal a la calle y consume por el bien de la economía.

¿Quieres relacionarte? ¿Olvidarte de tu vida durante unas horas?
Sal de fiesta, consume alcohol y drogas por el bien de la economía.
La fiesta te hace libre, no seas tonto: ¡sé libre!
Si quieres sentirte más libre aún, desahoga tu frustración partiéndole la cara a otra mercancía humana que sale a sentirse libre.
Mañana será todo igual, seguirás siendo una mercancía, pero una mercancía desahogada y rentable que se sintió libre.

¿Quieres sentirte parte de algo? ¿Creer que no vives aislado en el individualismo?
Hazte hipster, punk, skin, emo, friki, monta una peña sportinguista o un club de fans de Justin Bieber.
Tienes miles de opciones para ser parte de algo, sentirte tú mismo e incluso ser distinto a “las masas aborregadas”.

Disfruta de tu vida de mercancía con nuestros sucedáneos. Sucedáneos de vida. Sucedáneos de relaciones. Sucedáneos de amor. Sucedáneos de realización personal. Sucedáneos de diversión. Sucedáneos de libertad. Sucedáneos de sentimientos.

Si todo esto no te gusta, si crees que la vida debe ser real y no un sucedáneo, también disponemos de sucedáneos de rebelión para los más extremistas y cabreados.
Con eso desahogarás tu necesidad de escapar de este sistema o de reventarlo.
No debes juntarte con otras mercancías para poner en común vuestros problemas para sobrevivir en este mundo, pues son problemas personales como ya te explicamos antes.
Pensar que parten de un sistema sólo es propaganda que lanzan antisistemas frustrados y sin futuro que no pueden pagarse un psicólogo.
Si pasas apuros económicos es porque eres una mercancía defectuosa.
No te rebeles, pues eso sólo trae sufrimiento y deriva en conflictos fracticidas entre mercancías hermanas. Que no vuelva a pasar.
Si aun así no te convence lo que te ofrecemos, siempre puedes acabar con tu vida de mercancía.
A nosotrxs nos da igual, tenenos muchxs más como tú.
Sed felices, sucedáneos de personas.
Fin del comunicado.

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En recuerdo de Txomin

Nos ha sorprendido el repentino e inesperado fallecimiento de nuestro compañero Paco -Txomin-, actual Secretario General de la CNT de Uviéu. Lamentamos la sentida pérdida de este hombre que desde bien joven se adhirió entusiastamente a la Confederación en los momentos del relanzamiento, y desde entonces, salvo algún breve período de desconexión, fue constante militante en la CNT y en el Atenéu Llibertariu d’Uviéu desde su fundación en 2010.

En 1983 fue uno de los creadores de la radio libre Radio Cucaracha, el único de ellos que seguía vinculado en la actualidad a la emisora. Participó activamente en el 15M de Oviedo contribuyendo a impulsar la posición libertaria contraria a las manipulaciones de las camarillas, promoviendo y participando activamente en los Debates Libres que durante unos meses se establecieron. De estirpe proletaria, trabajador desde su adolescencia, Paco comprendía y exponía con atino el sentir proletario, la condición de los desposeíd@s, la realidad que vive y padece el mundo del trabajo, y no dejaba de señalar la perspectiva de clase en cuestiones en las que a menudo se obvia.

Amigo de los libros y de la lectura, y también coleccionista de peliculas, los rastreaba por las tiendas de viejo y los mercadillos dominicales del Fontán, y apasionado por Dickens dejó pendiente una exposición de materiales sobre el autor que con paciencia había ido recabando.

Compañero y amigo leal nos deja un vacío que solo el recuerdo de su calor humano y su compromiso atenúa. Que la tierra te sea leve, compañero.

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1º de mayo: jornada de lucha

Se acerca otra vez el 1º de Mayo y volvemos a insistir, como hacíamos hace un año, ¡La solución está en nuestras manos!

Ese día por la mañana, habrá diversas manifestaciones por todo el estado y también en Asturias, que clamarán contra la situación de los trabajadores, el paro, los abusos, los eres, la corrupción, etc. pero todo en medio de una jornada reivindicada como festiva. Manifestaciones como trámite para pasar un día tranquilo y discursos de protesta como envoltorio para un día festivo ¡Pura hipocresía! ¡Pura desmemoria!
El 1º de Mayo tiene sus orígenes en una jornada reivindicativa por las 8 horas de trabajo y como conmemoración de los anarquistas 5 asesinados y 3 condenados a prisión en Chicago en el transcurso de esta lucha. Además, el 1º de Mayo se enmarca dentro de una lucha por la superación del capitalismo y la instauración de una sociedad socialista – en sus diferentes variantes –.
Desde el siglo XIX han existido diversas formas de entender en 1º de Mayo, como jornada de lucha, recuerdo y reivindicación, o como jornada festiva, lo cual y en vistas de la situación histórica de los trabajadores, parece un despropósito.
Este año volvemos a andar en las mismas y a nosotros no nos entra en la cabeza ¿Dónde están las 8 horas de trabajo? ¿Dónde se ha superado la explotación capitalista y su sistema opresor? ¿Dónde están el homenaje y la conmemoración de los Martires de Chicago?. Más ¿Acaso la situación de aquellos que damos orígenes y sentido al 1º de Mayo tiene algo de lúdica o algo por lo que ser festejado nuestro día?
¿Cómo podemos entonces reivindicar el 1º de Mayo como un día festivo – o peor aún, reivindicarlo como jornada de lucha pero enfocarlo como un festivo más? Ni lo entendemos ni lo queremos entender, por eso este 1º de Mayo volvemos a la carga y proponemos a todos aquellos que quieran y puedan sumarse, participar de una jornada de lucha de 24 horas, con manifestación sí, pero con mucho más contenido.
A las 12:30 manifestación unitaria en la Plaza del Humedal.
A las 19:00 acciones contra la especulación urbanística y el esclavismo laboral en el Solarón.
Pero llamamos a toda la gente a participar y dinamizar una jornada de lucha que supere las convocatorias y que contribuya a darle un contenido a real a una fecha que nunca lo debió perder.
Sabemos que nuestra aportación es modesta y que no alcanza los niveles de pelea que la situación requiere pero el camino es largo y se demuestra andando. Cuando seamos capaces de romper la apatía, la abulia y la identificación con la fiesta y empleemos el 1º de Mayo visibilizar los conflictos diarios existentes, habremos dado un gran paso.

¡Al tiempo!

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